El equipo explotó en la instancia decisiva y se convirtió en una aplanadora en los partidos clave para poder recuperar su lugar en la
Liga Nacional. Tras un año en el Torneo Nacional de Ascenso, el elenco "cervecero" no sólo recupera su status sino que también le devuelve a Mar del Plata la posibilidad de lucirse con el regreso de los clásicos ante Peñarol en el partido más importante de la historia de la competencia.
El doloroso descenso del 2010 caló hondo en el entorno quilmeño. Por eso los dirigentes apostaron a un plantel con los mejores nombres del mercado nacional y un técnico con experiencia en la categoría para recuperar el lugar que le corresponde en el mapa del básquetbol vernáculo.
Quilmes siempre fue el gran candidato para todos, pero la ansiedad de sus hinchas por volver a la elite siempre fue una mochila pesada. Más allá de las buenas contrataciones, el equipo tardó en encontrar solidez, transcurrió sin convencer y hasta quedó al borde de la eliminación en un quinto partido de Reclasificación en una recordada serie ante el débil Unión Progresista, pero se sobrepuso en los play off y no dejó dudas.
En una divisional como el TNA, acertar con el extranjero resulta vital, pero Quilmes penó primero con un liviano Wilder Auguste que nunca rindió y después recurrió a un viejo conocido como Harold Arceneaux. La elección no parecía mala si se recordaba su paso anterior por el club y por la categoría, pero la situación cambió cuando el foráneo arribó a la ciudad totalmente fuera de estado. Su incorporación no sólo resultó irrelevante para el equipo sino que además su presencia fue una incomprensible manera de dar ventaja y ceder terreno en el transitar de la liga.