Quilmes: su campaña en el Torneo Nacional de Ascenso
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La ilusión se centró en el regreso a la elite del básquet, pero la dirigencia cambió el discurso y ahora apunta a saldar deudas y dejar de deber. |
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Armar un plantel profesional de básquetbol requiere un importante esfuerzo económico y, aun a sabiendas de lo que implica afrontar semejante empresa, los dirigentes que se hicieron cargo del básquet del equipo tricolor, tras el doloroso mazazo que significó el descenso, encararon el desafío con la intención de armar un plantel de jerarquía para volver a la primera división. Con esa idea se eligieron los jugadores y el cuerpo técnico para que, en definitiva, cuando se hable de uno de los grandes candidatos, nadie dude en mencionar a
Quilmes de Mar del Plata.
En la comparación con el resto de los equipos, el representativo local tiene una plantilla que supera a todos los rivales, si los analizamos nombre por nombre. Sin embargo, en la vorágine de una categoría súper competitiva, Quilmes no logró la regularidad necesaria para destacarse en el torneo y, si bien todo está muy parejo y la chance de ascender está intacta, la realidad es que no se ha cumplido con las expectativas iniciales de la gente y, evidentemente, tampoco de los dirigentes.
Aunque Guerrero también habló de hacer un esfuerzo más adelante para fichar a un foráneo de mayor despliegue, descartó por ahora la llegada de un nuevo jugador nacional, ya que todavía cuentan con una ficha libre para la conformación final del plantel. Lo que quedó muy claro es que la dirigencia ya no utiliza palabras grandilocuentes a la hora de imaginar el futuro inmediato del conjunto cervecero.
Mientras tanto, los seguidores continúan apoyando a Quilmes cada vez que se presenta en
Once Unidos, pero la ansiedad por no poder ver en cancha un equipo que juegue como tal, ya provocó algunos desbordes que afortunadamente no llegaron a mayores. Después de la derrota ante un verdadero candidato al ascenso como San Martín de Corrientes, el técnico Daniel Maffei tuvo que afrontar el reclamo de los hinchas cara a cara apenas finalizó el partido en la misma puerta del club. Si bien el encuentro fue pacífico, ese roce entre una treintena de fervorosos simpatizantes y un entrenador cuestionado pudo haber terminado muy mal.
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El conjunto orientado técnicamente por Daniel Maffei, experimentado entrenador y gran conocedor de la categoría, no pudo desplegar una filosofía de juego que le permita hacer la diferencia. En una descolorida primera fase, Quilmes se caracterizó por la irregularidad por falta de concentración y cierto desorden táctico. No obstante, el equipo entró entre los cuatro mejores para acceder al TNA-1, pero recién lo concretó en la última fecha y con lo justo.
Pero los chispazos no quedaron en ese incidente ya que, según cuentan allegados a la institución de Luro y Guido, Maffei deslizó ante la parcialidad que le debían parte del sueldo, lo que no cayó nada bien a la dirigencia que, si bien reconoce tener dificultades económicas, siempre hizo lo posible para estar al día, más allá de alguna demora.
La segunda categoría del básquet argentino es muy dura, muy áspera y difícil de encarar para quien tiene estirpe de Liga A. En mayor o menor medida, a todos les cuesta transitar el camino hacia el ascenso. Quilmes tiene una historia como animador del básquet de elite, ya que Mar del Plata lo necesita en primera para volver a disfrutar del superclásico ante
Peñarol. Pero en este sinuoso andar del TNA, la gente deberá entender que la dirigencia tiene como prioridad lograr tranquilidad en materia de números y apostar al plantel que se armó, aunque todavía no haya rendido como se esperaba.
El primer descenso
En la temporada 97-98, Quilmes armó un plantel de supuestas estrellas de la mano del entrenador Guillermo Edgardo Vecchio. Llegaron jugadores de la talla de Jorge Racca, Esteban Pérez, Eduardo Dominé, Leo Diebold, Sebastián Uranga, entre otros. Tras el alejamiento de Vecchio, su aventura terminó en manos de Horacio Seguí (ya con el descenso prácticamente consumado) e inevitablemente todo derivó en la pérdida de la categoría. Fue el 17 de mayo de 1998, al caer en Once Unidos por 108-99 ante Belgrano de San Nicolás (equipo dirigido en ese entonces por el actual técnico de Quilmes, Daniel Maffei).
El ascenso en un año
Después del golpe, la dirigencia recurrió a un viejo conocido, Oscar Sánchez, para intentar la hazaña de volver en una sola temporada. Y lo logró. Con un equipo que resultó ser inolvidable para la gente, el "cervecero" se impuso en los play offs aun con desventaja de localía en una campaña memorable. En una final histórica ante Central Entrerriano, el 22 de mayo de 1999 venció en Gualeguaychú por 71-69 en el quinto y decisivo partido. De ese grupo se forjaron grandes ídolos como Milton Bell, Diego Cavaco, El "Chino" López, Pablo Gil, Agustín Mengoni, Walter Storani, Danilo Delset y otros.


Con este panorama, ya comenzó a notarse desde el discurso que parte de la conducción una sensación de retroceso en relación a los objetivos trazados. El fin de semana pasado, el dirigente Sergio Guerrero fue claro. "La gente tiene que entender que estamos en la etapa de saldar deudas anteriores y encarar este torneo con lo que tenemos", sentenció.
Las palabras de Guerrero se asemejaron a aquellas que lanzó el presidente de River, Daniel Passarella, quien habló de "jugar el campeonato de la economía" en referencia a las prioridades de un club cuyos recursos financieros son escasos. Pero la realidad es que, en el caso de Quilmes, en las declaraciones previas al inicio del certamen se hablaba de un equipo con la intención de volver a jugar la Liga Nacional como principal aspiración.
En aquella situación límite, el conjunto "cervecero" pagó, tal vez, el hecho de tener en el plantel más tiempo de lo debido al extranjero Harold Arceneaux, quien se mostró fuera de estado físico de manera notoria y sólo dejó el equipo cuando lamentablemente sufrió una seria lesión. La llegada obligada de un reemplazante, Leo "Gyno" Pomare, significó algo vital para cumplir con el primer paso y no quedar relegado en el TNA-2, pero el riesgo que se corrió fue verdaderamente innecesario.
Fiel a su estilo dirigencial, en Quilmes nunca se van a hacer locuras. En su respetable modo de afrontar cada temporada de básquet, los directivos buscan ser prolijos en las contrataciones, no tener más de lo que se pueda pagar y aguantar la que se venga sin dar "volantazos". Tal vez esa pasividad de no cambiar a tiempo, lo llevó al descenso. Lo cierto es que a veces hay que atender a la impaciencia del entorno. Porque ahora no es cuestión de especular con una campaña que sea entre regular y mala para mantener la categoría y seguir en la "A". Ahora Quilmes está en la "B", y quienes son responsables de devolverle al equipo su status deberán esforzarse para lograrlo. ¿O acaso descubrieron que les queda cómodo jugar el TNA?
El último descenso
Quilmes estuvo toda la temporada 2009-2010 a los tumbos. Nunca tuvo un líder dentro de la cancha. A pesar de la mala campaña, la dirigencia le mantuvo la confianza al entrenador debutante Esteban de la Fuente junto a su asistente, también debutante, Eduardo Dominé. Cayó en el play off de descenso en condición de local y en la última bola ante Ciclista Olímpico de La Banda, Santiago del Estero. Quedará en el recuerdo el foráneo del elenco bandeño, Frank Williams, que en el último segundo metió un triple inverosímil que literalmente mandó a Quilmes al descenso.