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Diario de bicicleta

24-Abr-2011   Florencia Cordero
diario de bicicleta
El marplatense Damián López recorrió toda América, desde Alaska a Ushuaia, en bicicleta, motivado por un espíritu aventurero y solidario que lo llevó a transitar más de 52.000 kilómetros en casi cuatro años de travesía.
El trayecto se inició el 4 de junio de 2007 en Alaska, y terminó el 4 de febrero de 2011 en Ushuaia. Pero una vez concretada la proeza, el joven apodado "Jamerboi" quiso seguir pedaleando hasta su Mar del Plata natal. El reencuentro con su gente se dio el fin de semana pasado en un emotivo recibimiento de sus familiares, amigos (reales y virtuales) y conocidos que quisieron brindarle una bienvenida multitudinaria.

Sobrevuela la idea de editar un libro que recoja las experiencias vividas, pero primero se impone un descanso. Hacer una pausa porque el cuerpo lo pide. Apenas reinsertado en la vida de ciudad tras 46 meses de rodar en las rutas de 19 países del continente, Damián López habló de sus motivaciones para poner en marcha semejante odisea con connotaciones deportivas, solidarias y sociales. El viaje comenzó a tomar más relevancia y un compromiso mayor cuando se generó el vínculo con la ONG Aldeas Infantiles.

"Cuando uno viaja por tanto tiempo, se convierte en un viajero, no en un turista, y eso te permite ver otras realidades. En la ruta uno va descubriendo una cadena solidaria invisible que día a día te va permitiendo avanzar. Es increíble, pero siempre aparece alguien que te da el vaso de agua que necesitabas, te ofrece un techo y hasta a veces te da plata. Toda esta cuestión solidaria que yo sabía que me iba a ayudar a hacer el viaje, me generó una inquietud antes de arrancar con esta travesía con mayúsculas. Me pregunté cómo hacer para devolver todo esto que yo sabía que iba a ganar. En esta idea de cadena de favores dije 'yo quiero ayudar a alguien para compensar'.
Por último, Damián dejó en claro el espíritu de su iniciativa: "Esto no se trata solamente de viajar en bicicleta sino de largarse a cumplir los sueños o anhelos de toda nuestra vida que por un motivo u otro quedaron relegados. Es muy fácil engancharse en dar excusas y decir que no se puede. Yo siempre digo que nada es imposible. Si uno tiene la voluntad, se puede hacer lo que uno quiera. No va a ser fácil. Hay pelearla, hay que remarla. A mí me costó mucho, pero hoy es una realidad. Hay que cortar con los miedos que nos retienen en la rutina diaria del 'no se puede', porque la satisfacción de cumplir un sueño no tiene precio".

El copyright del artículo Diario de bicicleta, publicado en Deportes pertenece a Florencia Cordero. Es necesario el consentimiento expreso de su autor para la publicación o reproducción, parcial o total, a través de medios impresos, online o a través de cualquier otro medio o formato.

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La motivación

El aspecto solidario de la travesía fue verdaderamente inspirador: "El motor fue mi compromiso con Aldeas Infantiles para dar a conocer lo que hace esta ONG que trabaja por los chicos en situación de vulnerabilidad y riesgo social. Es algo realmente conmovedor. No sólo acá, sino en todos los países en los que estuve. Lo importante es que cada uno pueda aportar lo suyo. Ahora, en Argentina se lanzó una campaña para que cada uno pueda dejar su huella en la página web www.tuhuellasos.com o www.tuhuellasos.org.ar. Esta ayuda, que sólo cuesta hacer un click, propone sumar 100 mil huellas que pueden ser útiles para que empresas del país donen el dinero necesario para que noventa chicos de Aldeas Infantiles tengan la educación asegurada por un año. Es muy simple, no requiere esfuerzo, es entrar dos minutos a Internet y de esa manera se puede contribuir dejando cada uno su huella. Es gratis, no cuesta nada y se puede hacer una diferencia", propuso.
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Y agregó: "Ante una exigencia de semejante magnitud, no hay tiempo ni espacio para echarse atrás. "El riesgo siempre está, pero es lo mismo que en la ciudad. Viajar en bici no significa que siempre va a ser en días de sol, viento a favor y en bajada. Además hay caminos tediosos y aburridos. Tenía una idea básica de los caminos que iba a recorrer y ese era mi Plan A, pero creo que terminé en el Plan Z. Permanentemente uno tiene que ir adaptándose día a día", narró.

Pero no sólo se trata de la historia de un loco en bicicleta. Antes de encarar la travesía "Alaska-Ushuaia", Damián López se desempañaba como profesor universitario. Hizo la Licenciatura en Química en la Universidad de Mar del Plata, después el Doctorado, trabajó con una beca del CONICET y en el 2006 estuvo todo el año en la Antártida con un proyecto argentino-canadiense. En relación a su dualidad, "Jamerboi" expresó: "Llegué a tal punto en mi carrera académica que podría tener resuelto todo mi futuro profesional y material. Sin embargo, me apasionaba este sueño y decidí dejar todo para poder emprenderlo. Estamos en Argentina. Yo trabajaba en la Universidad. No soy millonario. Tuvieron que pasar 8 años para que me pudiera ir. Hice los sacrificios que tenía que hacer para concretar semejante odisea".
Ahí empecé a interactuar con Aldeas Infantiles SOS. Como es una ONG internacional que está por todo el mundo, quise llevar su causa a la largo del continente y visitarlas. Eso fue lo que cambió radicalmente la idea. El hecho de poder estar en contacto con los chicos y poder absorber todo este cariño, me hizo entender que tenía que extender el viaje. Fue así que terminé visitando 33 de las 180 Aldeas Infantiles que están en toda América. El tema social le dio al viaje un sentido mucho más completo", reconoció Damián.

Y contó detalles de esta movilizadora experiencia: "Me quedo con las miradas y las sonrisas de todos esos chicos que te ven y vienen corriendo, te besan, te abrazan y se emocionan por el solo hecho de que los vayas a visitar. La retribución que recibí fue lo que me dio energía y fuerza aunque a veces la situación no era favorable, por el clima, por ejemplo. Mi motivación era llegar a la próxima aldea. Fue el verdadero combustible que me hizo mantener el espíritu durante tanto tiempo en un estilo de vida tan extremo. Uno se tiene que preocupar por cosas básicas como dónde voy a conseguir agua, dónde voy a dormir hoy, si tendré comida en el camino o tendré que aprovisionarme por una semana, dónde conseguir un techo, si tendré que armar la carpa o no, si tendré el privilegio de dormir en un colchón o si tendré la suerte de darme una ducha hoy".
Los inicios

La semilla inicial de esta travesía se plantó en 1999 cuando en uno de los viajes de Damián por Argentina se cruzó con Jonas, un ciclista amigo de Suiza, que venía de Alaska hacia Ushuaia. "Esa experiencia que me contó me voló la cabeza y, a partir de ahí, me dije que quería hacer eso. Pasaron 8 años de preparativos, de sacrificios, de ir juntando el equipo, la bicicleta, las mochilas, el calentador, la carpa. Así como la gente piensa normalmente en pedir un crédito para comprarse la casa, yo me endeudaba para poder tener mi bicicleta. En lugar de un televisor de plasma, yo me compraba una bolsa de dormir bien abrigada. Mientras tanto seguía haciendo travesías cortas cada vez que tenía vacaciones, y me iba por el país a los lugares que tenía a mano. Toda esa experiencia previa me hizo aprender muchas cosas de esa vida de supervivencia", reconoció.
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