El trayecto se inició el 4 de junio de 2007 en Alaska, y terminó el 4 de febrero de 2011 en Ushuaia. Pero una vez concretada la proeza, el joven apodado
"Jamerboi" quiso seguir pedaleando hasta su Mar del Plata natal. El reencuentro con su gente se dio el fin de semana pasado en un emotivo recibimiento de sus familiares, amigos (reales y virtuales) y conocidos que quisieron brindarle una bienvenida multitudinaria.
Sobrevuela la idea de editar un libro que recoja las experiencias vividas, pero primero se impone un descanso. Hacer una pausa porque el cuerpo lo pide. Apenas reinsertado en la vida de ciudad tras 46 meses de rodar en las rutas de 19 países del continente, Damián López habló de sus motivaciones para poner en marcha semejante odisea con connotaciones deportivas, solidarias y sociales. El viaje comenzó a tomar más relevancia y un compromiso mayor cuando se generó el vínculo con la ONG Aldeas Infantiles.
"Cuando uno viaja por tanto tiempo, se convierte en un viajero, no en un turista, y eso te permite ver otras realidades. En la ruta uno va descubriendo una cadena solidaria invisible que día a día te va permitiendo avanzar. Es increíble, pero siempre aparece alguien que te da el vaso de agua que necesitabas, te ofrece un techo y hasta a veces te da plata. Toda esta cuestión solidaria que yo sabía que me iba a ayudar a hacer el viaje, me generó una inquietud antes de arrancar con esta travesía con mayúsculas. Me pregunté cómo hacer para devolver todo esto que yo sabía que iba a ganar. En esta idea de cadena de favores dije 'yo quiero ayudar a alguien para compensar'.
Por último, Damián dejó en claro el espíritu de su iniciativa: "Esto no se trata solamente de viajar en bicicleta sino de largarse a cumplir los sueños o anhelos de toda nuestra vida que por un motivo u otro quedaron relegados. Es muy fácil engancharse en dar excusas y decir que no se puede. Yo siempre digo que nada es imposible. Si uno tiene la voluntad, se puede hacer lo que uno quiera. No va a ser fácil. Hay pelearla, hay que remarla. A mí me costó mucho, pero hoy es una realidad. Hay que cortar con los miedos que nos retienen en la rutina diaria del 'no se puede', porque la satisfacción de cumplir un sueño no tiene precio".
Y agregó: "
Ante una exigencia de semejante magnitud, no hay tiempo ni espacio para echarse atrás. "El riesgo siempre está, pero es lo mismo que en la ciudad. Viajar en bici no significa que siempre va a ser en días de sol, viento a favor y en bajada. Además hay caminos tediosos y aburridos. Tenía una idea básica de los caminos que iba a recorrer y ese era mi Plan A, pero creo que terminé en el Plan Z. Permanentemente uno tiene que ir adaptándose día a día", narró.
Pero no sólo se trata de la historia de un loco en bicicleta. Antes de encarar la travesía "Alaska-Ushuaia", Damián López se desempañaba como profesor universitario. Hizo la Licenciatura en
Química en la Universidad de Mar del Plata, después el Doctorado, trabajó con una beca del
CONICET y en el 2006 estuvo todo el año en la Antártida con un proyecto argentino-canadiense. En relación a su dualidad, "Jamerboi" expresó: "
Llegué a tal punto en mi carrera académica que podría tener resuelto todo mi futuro profesional y material. Sin embargo, me apasionaba este sueño y decidí dejar todo para poder emprenderlo. Estamos en Argentina. Yo trabajaba en la Universidad. No soy millonario. Tuvieron que pasar 8 años para que me pudiera ir. Hice los sacrificios que tenía que hacer para concretar semejante odisea".
Los inicios
La semilla inicial de esta travesía se plantó en 1999 cuando en uno de los viajes de Damián por Argentina se cruzó con Jonas, un ciclista amigo de Suiza, que venía de Alaska hacia Ushuaia. "Esa experiencia que me contó me voló la cabeza y, a partir de ahí, me dije que quería hacer eso. Pasaron 8 años de preparativos, de sacrificios, de ir juntando el equipo, la bicicleta, las mochilas, el calentador, la carpa. Así como la gente piensa normalmente en pedir un crédito para comprarse la casa, yo me endeudaba para poder tener mi bicicleta. En lugar de un televisor de plasma, yo me compraba una bolsa de dormir bien abrigada. Mientras tanto seguía haciendo travesías cortas cada vez que tenía vacaciones, y me iba por el país a los lugares que tenía a mano. Toda esa experiencia previa me hizo aprender muchas cosas de esa vida de supervivencia", reconoció.