La presencia de la Generación Dorada en Argentina merecía un entorno acorde al éxito deportivo y, fundamentalmente, por el respeto ganado en el mundo entero a lo largo de una década inolvidable. Con mucha dedicación y empeño, Mar del Plata cumplió una gran tarea como anfitriona, y el Comité Organizador redobló sus esfuerzos para poder disimular falencias lógicas (en comparación con los certámenes organizados en países con mayores recursos) y así redondear un torneo que quedará en las páginas de oro de la historia deportiva de la ciudad.
Durante los primeros días resultó inevitable para los periodistas que hemos cubierto torneos internacionales en el exterior encontrar detalles a corregir en el aspecto vinculado a la comodidad del trabajo de prensa. Es cierto que tal vez no se le dio el espacio adecuado a las ubicaciones para los periodistas dentro del estadio, pero sería un error comparar el Preolímpico de Mar del Plata con, por ejemplo, el anterior en Las Vegas 2007, y mucho menos con el Mundial de Turquía 2010.
Estamos en Argentina y, a la hora de analizar el aspecto organizativo, no hay que perder de vista que ya en infraestructura existen notorias diferencias. No podemos olvidar que se tuvo que acondicionar el
Estadio Polideportivo (lució prácticamente irreconocible), y no sólo fue mejorado en sus instalaciones sino que también se le dio un "lavado de cara" que, apenas con un poco de creatividad, hizo que nuestro máximo escenario se vistiera de gala.