Pero basta con salir de la Argentina y conocer los estadios de Norteamérica, América Central y hasta de otros países de América Latina, para descubrir que el mundo avanza en materia de infraestructura para la práctica deportiva mientras nosotros nos llenamos la boca diciendo que da gusto ir a ver un partido al Polideportivo. Y esa sensación de comodidad y confort en nuestro estadio es real, pero sólo se destaca dentro del territorio nacional.
La mención de estos escenarios fundamentales para el desarrollo de los deportes más populares, como el fútbol y el básquet, refleja el verdadero estado de situación. Increíblemente, todavía algunos hablan del "legado panamericano", cuando la realidad nos muestra que nunca se pensó en cuidarlo ni protegerlo. Y esto queda más que evidenciado con estos claros ejemplos, aun sin necesidad de repasar la vergonzosa situación de
abandono de la Laguna de los Padres, que fue pista panamericana de remo, ni el deterioro de la cancha de hockey sobre césped o el frustrado techado del velódromo.
Por eso, antes de empezar a imaginar que la ciudad puede aspirar a ofrecerse como sede de un torneo internacional que involucre la disputa de varios deportes, debemos exigir a los gobernantes que se tomen en serio el valor de la función pública para poner en marcha, de una buena vez, una política deportiva seria. Está claro que sería un acontecimiento inolvidable volver a albergar la máxima competencia panamericana en 2019, pero no hay que perder de vista que Mar del Plata se está quedando en el tiempo, como toda la Argentina, en relación al progreso de otros países que apuestan a un crecimiento sostenido y por eso pueden mirar hacia el futuro conscientes de que para ello deben conjugar correctamente el verbo planificar.