Argentina es el precursor de estos planes de complementariedad, y es la que impulsa la firma de acuerdos bilaterales que contribuyen al establecimiento de uniones aduaneras, con el consiguiente aumento del comercio intra sudamericano, dejando en claro su vocación integracionista y su voluntad de no ceder la iniciativa en materia comercial.

Esta política de Perón termina irritando a Estados Unidos hasta el punto de que el Departamento de Agricultura de ese país, por intermedio de su publicación oficial "Foreign Crops and Markets", expresará: "Bolivia es el cuarto país que firmó un nuevo convenio comercial con Argentina, de acuerdo con el programa de Unión Económica contemplado en el Acta de Santiago. Durante 1953, el gobierno argentino desarrolló un nuevo método destinado a aumentar su influencia en otros países latinoamericanos, mediante acuerdos llamados de Unión Económica. Esto fue aplicado por primera vez a los Tratados con Chile, en febrero y julio de 1953; con Paraguay, en agosto; y con Ecuador, en diciembre. El paso siguiente consistió en establecer consejos binacionales con cada uno de los países involucrados en la Unión Económica. Estos órganos tienen amplias facultades para discutir y recomendar los medios tendientes a lograr una coordinación económica más estrecha entre los dos países.
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Historia y Humanidades > Historia Siglo XX

Argentina y el mundo (Parte III)

09-Ene-2011   Adrián Freijo
argentina y el mundo
Argentina enviará producción alimentaria y recibirá petróleo, hierro, acero, cobre, maderas, yerba mate y tabaco.

Al poco tiempo de la firma del Acta de Santiago, los jefes de Estado de Colombia y Venezuela celebrarán una reunión en la que establecen el propósito de formar otro bloque -de signo anticomunista– y opositor al Austral.

Simultáneamente, en Río, los cancilleres de Brasil y Perú atacaron los planes argentinos. Detrás de ambas decisiones surge con absoluta claridad la mano de los Estados Unidos: Argentina había dejado de ser una experiencia populista nacional para convertirse en un serio problema continental. La respuesta de nuestro país es la firma inmediata de un tratado comercial de similares características con la República del Paraguay, en el que ya jugarían roles estratégicos empresas europeas –en este caso, de transporte-despertando en Norteamérica mayores recelos acerca del futuro que un bloque europeo-sudamericano podía construir a partir del crecimiento del comercio entre ambos.

Avanzando en su agresiva política en la región, Perón logra un acuerdo del mismo tenor con Ecuador, convenio que se firmará en la ciudad de Quito (diciembre 12, 1953). Por el pacto de Unión Económica, Argentina se compromete a comprar durante 1954 treinta mil toneladas (30.000 Tn) de petróleo a los precios y condiciones que rijan en el mercado internacional, en el momento de la contratación, y venderá, en el año mencionado, las cantidades de trigo necesarias para cubrir el valor de las toneladas de combustible referidas, a los precios que rijan para las ventas de dicho cereal al Ecuador, dentro del Acuerdo Internacional del Trigo, en el momento de concertarse las compras.

Por fin sella con Bolivia otro convenio de Unión Económica suscripto por el representante argentino, Jerónimo Remorino y por el ministro de Relaciones Exteriores boliviano, W. Guevara Arze, en la ciudad de La Paz (septiembre 9, 1954). En sus cuatro capítulos, establece normas para la supresión gradual y coordinada de derechos aduaneros, aumento de saldos exportables, fluidez del intercambio por coordinación de movimientos de fondos, tipos y permisos de cambio y distribución de divisas; inversión de capitales con garantía y seguridad de retorno de amortizaciones y dividendos; amplio abastecimiento de poblaciones fronterizas; libre tránsito de productos para y de terceros países; zonas y depósitos francos en puertos marítimos o fluviales y otros lugares de tráfico internacional. Asimismo, prevé el mejoramiento de servicios postales, telegráficos, telefónicos y radiofónicos. Bolivia proveerá petróleo, y Argentina, ganado vacuno. Bolivia será el quinto y último país miembro del bloque de Unión Económica que ya formaban Argentina, Chile, Paraguay y Ecuador.

En todos los tratados suscriptos y ratificados por Argentina, observamos que enviará producción alimentaria, en modo casi exclusivo o predominante, y recibirá petróleo, en el caso de Bolivia y Ecuador. De Chile recibirá hierro, acero y cobre; de Paraguay, maderas, yerba mate y tabaco.
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Argentina se compromete, con éxito, a que la Compañía Holandesa de Navegación prolongue sus servicios desde Hamburgo hasta Asunción, con Buenos Aires como puerto intermedio, y se fijan las bases para la instalación del servicio telefónico inalámbrico entre Asunción y Buenos Aires. El intercambio, que había sido de 7 millones de dólares en 1950, alcanzaría la cifra de 39 millones en 1955, conforme a previsiones estipuladas.
La importancia de este sistema no se halla en ningún compromiso inmediato bajo los acuerdos iniciales. Estriba más bien en el establecimiento de organismos que se reunirán periódicamente y estarán disponibles en lo futuro para facilitar cualquier tarea de coordinación económica. El convenio con Bolivia fue suscrito el 9 de septiembre de 1954. De conformidad con sus términos, el intercambio ascenderá a 9 millones de dólares anuales en ambas direcciones. Bolivia exportará petróleo, estaño, maderas, así como diversos otros minerales y productos forestales. A cambio de ello, Argentina le enviará ganado, trigo, lana, extracto de quebracho y otros productos agrícolas y animales. Además de los arreglos de comercio y de pagos, el convenio incluye otras disposiciones, inclusive, un compromiso de Argentina para efectuar una inversión adicional para completar el ferrocarril Santa Cruz de la Sierra-Yacuiba; la concesión recíproca de privilegio de libre tránsito y la concesión por parte de Argentina de privilegios de puerto libre a Bolivia." A pesar del intento por minimizar los alcances reales de tales acuerdos, es claro que se tomaba nota de las políticas desarrolladas por Perón y que éstas no eran del agrado del país del norte.

Nadie puede seriamente cuestionar la intención de un Estado de generar alternativas políticas para su propio desarrollo, menos aun cuando se trataba de escapar a una situación de bipolaridad que otorgaba a esa nación un rol secundario en el mundo por venir, al mismo tiempo que limitaba el crecimiento de todos los países de una región que no era estratégicamente importante.
Buscar la descalificación de aquel primer intento de formar un bloque continental significa lisa y llanamente aceptar el tutelaje norteamericano sobre una América Latina a la que, además, nunca otorgó otro papel que el de proveedor alimentario.

Sí puede criticarse la linealidad con que Perón planteó ese enfrentamiento, cierta actitud prejuiciosa en el análisis de los acontecimientos mundiales, y una evidente debilidad operativa a la hora de comprender que la distancia tomada por algunos de los necesarios socios del proyecto –especialmente Brasil- indicaba la conveniencia de iniciar una etapa de negociaciones abiertas que permitiesen al país conservar intacto el papel de líder sudamericano que por entonces nadie le cuestionaba seriamente.

Desde una posición de relativa debilidad, llevando sobre sus espaldas el peso de decisiones no tan lejanas en el tiempo y que habían despertado el enojo del mundo libre, sabiendo de la necesidad de neutralizar el avance brasileño tras el alineamiento con los aliados durante la Segunda Guerra y, sobre todo, conociendo la política exterior norteamericana y sus contactos con sectores reaccionarios de las fuerzas armadas y del poder económico, Perón insistió en tensar las relaciones sin garantizar para el país los medios necesarios para un eventual aislamiento, y sin darse cuenta de la debilidad de las instituciones de un Estado que –al depender tan sólo de su impronta- no era herramienta suficiente para semejante emprendimiento.

Los hechos posteriores demostraron que ese aislamiento era el destino que le esperaba a la Argentina. Y como el propio Perón gustaba decir, "la única verdad es la realidad".
La única verdad… debería ser la realidad

Y el armado de esa estrategia alternativa bien puede considerarse exitoso, toda vez que la inquina de los Estados Unidos se convirtió prontamente en una militante actitud antiperonista que no cedió ni siquiera en el momento del derrocamiento sino más bien multiplicó sus esfuerzos tendientes a borrar la acción y presencia del movimiento de la faz del país, tratando de garantizar de esa forma la imposibilidad de un retorno al poder.
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