La sorpresiva crecida de un río en la ciudad riojana de
Olta, mantuvo a Gabino Coria Peñaloza, de 21 años, unos días más en aquella provincia. Allí conoció a María, una profesora de música con quien inició un apasionado romance. Cuando el río volvió a su nivel y se abrieron los caminos, Gabino regresó a su
Mendoza natal. Después de un año, volvió a Olta pero María había sido enviada por su familia a otra provincia. El caminito, bordeado de trébol y juncos en flor, que conducía a la casa de María y aquellas vivencias juveniles, inspiraron los famosos versos del poeta.
En uno de los viajes que Coria Peñaloza hizo a Buenos Aires conoció a Juan de Dios Filiberto a través de Benito Quinquela Martín. Filiberto le dijo a Coria Peñaloza que tenía la melodía de un tango inspirado en su andar por una callecita de la Boca cuando iba a la Vuelta de Rocha. Después de tararear algunos compases le pidió a Peñaloza que escribiera los versos. Gabino le contó de sus versos inspirados en María y se los recitó.