Los movimientos Pro-vida ateos
La opinión pública de Estados Unidos ha llegado a estas mismas conclusiones, en su mayoría. En la Encuesta anual sobre valores y creencias publicada por Gallup en mayo 2010 se declaran Pro-vida el 51% de los entrevistados, frente al 42% de Pro-choice. El número de personas a favor del aborto en los años setenta, cuando todavía no se difundían vídeos sobre la evolución del feto en el cuerpo de la madre, era mucho más alto. En aquellos tiempos este tema se podía considerar una cuestión religiosa: quien no pertenecía a alguna confesión, por lo general, se declaraba abortista.
Hoy en día no se puede decir lo mismo. El actual presidente Barack Obama ha sido duramente criticado por haber definido el embarazo como una 'punición' y por su programa de inclusión del aborto en el plan de salud pública y existen asociaciones y grupos de
ateos contrarios al
aborto en las redes sociales.
Los
ateos = Pro-vida creen que un Estado democrático debe defender los derechos de los ciudadanos desde su primer instante de
vida. Un grupo de Facebook reune a los ex miembros de
Amnistía Internacional, que abandonaron la asociación cuando esta última se declaró a favor del aborto en algunos casos. En you tube se encuentran vídeos de activistas Pro-vida llamados born
alive, personas que sobrevivieron a intentos de aborto al sexto mes de gestación. En las clínicas norteamericanas la ley permite dar asistencia a estos niños. En cambio en Inglaterra, con una gestación de 24 semanas se puede abortar en estructuras públicas, y los niños
sobrevivientes se dejan morir.
La legalización del aborto en EE.UU.
Norma McCorvey protagonizó la famosa causa tras la cual se legalizó el aborto en Estados Unidos. En 1969 las leyes de Texas le impidieron abortar, aunque ella había declarado falsamente de haber sido violada, esperando que su petición fuera acogida por esta razón. Sucesivamente su hijo fue adoptado. En 1973 la Corte Suprema retomó el caso y, tras aquella sentencia, se anuló la prohibición de realizar abortos en todos los Estados Unidos. Norma ha trabajado en una clínica abortista antes de convertirse en activista pro-vida y recuerda que los médicos de aquella estructura querían hacer dinero y no se preocupaban del bienestar psicológico de las mujeres, que ella veía confundidas y
tristes. La película
'Blood Money' denuncia el ansia de dinero de los centros abortistas, que llegaron a vender contraceptivos defectuosos a adolescentes y operaron hasta a mujeres no embarazadas.