La canción de
Roberto Carlos resultó profética. Son muchas las personas que tienen un millón de amigos virtuales en
Facebook u otras redes sociales. Seguramente la mayoría sin la posibilidad de haber intercambiado una sola palabra en un mensajero instantáneo o un mail con ellos. Sin embargo, según la red de redes, son "amigos" por definición.
El concepto solo lleva al extremo una etiqueta a la que hemos acuñado durante siglos para definir por oposición a quien no es nuestro enemigo. Como si nos moviésemos por este planeta solo distinguiendo hostiles de amistosos entre nuestros semejantes.
Los extraños que escuchan devenidos en amigos entrañables Si bien la relación virtual fomenta el confesionismo entre pares, la revelación de detalles de nuestra vida y la contención a veces inigualable del otro la "amistad virtual" siempre tiene límites bien marcados. Se confía en esa otra persona porque es ajena a nuestro mundo "real" y escapa a los prejuicios, al qué dirán y a la incidencia del conocimiento de la información sobre alguien más de nuestro círculo. Esa confianza no tiene un valor desmedido, sino que está depositada en alguien que no presenta mayores riesgos ante una eventual traición.