Las características centrales de una época, sus significaciones imaginarias, sus instituciones, disposiciones, leyes, enunciados escritos, etc. funcionan como
dispositivos sociales, produciendo subjetividades particulares, con prácticas que constituyen y forman a los sujetos que las sostienen y reproducen.
Un elemento significativo de propuestas identificatorias para el proceso de constitución subjetiva son las publicidades propias de la sociedad de consumo de nuestra época. Forman parte de los dispositivos sociales, marcando e imponiendo modos de ser, de hacer y de sentir, señalando lo deseable, lo rechazable, lo que debe ser, lo ideal, etc. Sus enunciados se repiten una y otra vez, en distintos medios y lugares, en diferentes formas.
Las publicidades hacen aparecer el objeto de consumo como aquello que permite alcanzar un estado deseado. Es el tener para ser.
Tanto los enunciados como la forma de esa enunciación provocan el deseo de una satisfacción inmediata, sin pensar en la renuncia y aceptando que la plenitud es posible a través de la posesión del objeto que se ofrece. La efectividad de los contenidos se producirá en cada sujeto de acuerdo al grado de su deseo. En la trama que hacen estas significaciones se va delineando el malestar de los sujetos de esta época.
Este dispositivo social específico puede influenciar, junto con otras características de nuestra cultura, en sectores de nuestra sociedad con determinadas condiciones de existencia que hacen imposible acceder al objeto deseado. La única alternativa para lograr la satisfacción del deseo es cometer un delito que permita la apropiación del objeto, constituyéndose así subjetividades agresivas y violentas.
Violencia infantil y subjetividad
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¿Podemos considerar el incremento de la violencia infantil en la actualidad como producto del entramado indisoluble entre el sujeto, los vínculos y la cultura? |
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En la actualidad es común observar las reacciones de la población en general ante determinados hechos violentos ocasionados por individuos menores de edad. Se refieren a ellos con afirmaciones como: "son asesinos", "son irracionales", "hay que matarlos a todos", "son monstruos", "matan porque no van presos", "hay que bajar la edad de imputabilidad", etc.
Estas expresiones indican que no tomamos conciencia de que la misma sociedad, que todos integramos, es en gran parte responsable de que estos sucesos ocurran.
La internalización es la aprehensión o interpretación de un acontecimiento objetivo en cuanto expresa significado, es decir, en cuanto es una manifestación de los procesos subjetivos de otro, que en consecuencia se vuelven subjetivamente significativos. Mediante la sociabilización primaria el niño se convierte en un miembro de la sociedad, se presenta en ella ante un grupo predefinido de otros significantes, a los que debe aceptar, sin posibilidad de optar por otro arreglo. La subjetividad, entonces, se constituye a partir del vínculo con los otros, a través de redes intersubjetivas, recorrida por un entramado que lo antecede y lo sobredetermina.
Otra dimensión constitutiva del sujeto es la cultura, cuyos efectos permanecen toda la vida, conservando su capacidad significante.
Con respecto a las conductas agresivas no se circunscriben a significados individualmente organizados ya que el hecho de que muchas personas reaccionen agresivamente frente a circunstancias similares nos indica la existencia de significados culturalmente estructurados que adoptan la forma de mitos, prejuicios y creencias compartidos por quienes pertenecen a una misma cultura. La conducta emergente resulta congruente con dicho sistema de creencias. Significados culturalmente construidos son elementos indispensables para la comprensión de la estructura de la conducta agresiva tanto como los significados individuales.
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Uno de los malestares de nuestra época es la violencia en los vínculos. Tomando entonces la importancia de los vínculos en la producción de subjetividad consideramos a la violencia familiar como factor determinante de conductas agresivas en los niños.
Un alto porcentaje de menores con conductas delictivas proviene de hogares donde han sido víctimas o testigos de violencia crónicas. Estos niños y adolescentes frecuentemente presentan trastornos de conducta escolar y dificultades en el aprendizaje, también una debilitación gradual de sus defensas físicas y psicológicas.
La salud, la educación y la seguridad son cuestiones públicas y comunitarias por lo cual la violencia familiar constituye un factor potencialmente perturbador para esas áreas, debiendo ser considerado como un problema que nos afecta a todos, como integrantes de una comunidad.
La violencia es una conducta aprendida de modelos familiares y sociales, tomándola como un recurso válido para resolver conflictos.
Según Berger y Luckmann todo individuo nace de una estructura social objetiva en la cual encuentra a los otros significantes (padres, tíos, abuelos, tutores, etc) los cuales mediatizan el mundo para el niño, lo modifican en el curso de esa mediatización.
En la sociabilización primaria el niño se identifica con los otros significantes, aceptando roles y actitudes, las internaliza, se apropia de ellas y acepta el mundo de esos otros significantes, los que vienen impuestos, no pueden ser elegidos por lo que se identifica automáticamente con ellos.
Si pensamos que es posible que disminuya el índice de delitos protagonizados por menores, una propuesta para lograrlo es la producción de nuevas subjetividades. La subjetividad es una producción determinada en algunos aspectos con muchos elementos de orden fantasmático, de la historia y de la singularidad pero no es solo una determinación que implica o que condena a la repetición, además siempre está abierta a lo diferente o a lo nuevo que puede producirse en el encuentro con el otro. Por ello pensamos que implementar las prácticas grupales con integrantes de entornos familiares (padres, abuelos, hermanos, etc) y a su vez independientemente con niños y adolescentes que delinquen favorecería a que en un mediano o largo plazo esta problemática se revierta.
Cuando se constituye un grupo existe algo del otro que puede aparecer como semejante, como igual a uno. El otro trata de asimilar lo que el otro asigna y el otro responde. Eso es el ovillo, después se arma la red y eso ocurre en el grupo con miradas, con palabras, con sentidos. Este es el punto en el que el encuentro con otro, alguien es portador de la iniciación pero alguien la tiene que recibir. Todas esas dimensiones permiten que esta trama haga nudo. Es la trama grupal. Esas asignaciones permiten que se constituya una potencialización que es más que la suma de los individuos, es algo que potencia el colectivo, crea algo que no se puede crear individualmente.
Cada vez que hay algo que va a modificar o que modifica es porque surgió un sentido distinto, se construyó ahí y muchas veces se construye en el vínculo. Se produce en ese "entre" pero desde el "entre", aquello que no podemos mirar desde afuera sino solamente lo que está en el vínculo y desde el adentro se puede decir lo que pasó.
La realidad nos dice que los chicos perciben que el solo paso por las instituciones escolares no los acreedita para forjar sus propios proyectos y sueños.
Para las generaciones anteriores el trabajo, la escuela y el ahorro se asociaban con un mundo de valores en donde los esfuerzos del presente se compensarìan en un futuro mejor. La crisis de sentido que afecta a la instituciòn en el contexto social actual desmorona el eje trabajo-estudio como articulador social, cuestionando la validez de la escuela como instrumento de sociabilizaciòn y de producción de sentido. Esta visiòn pesismista se agrava cuando se trata de sectores populares, crecientemente golpeados por el desempleo, los bajos salarios, la precarización laboral y la exclusión social.
En lugar de sostener que el ser humano tiene pulsiones agresivas y violentas podemos decir que el sujeto construye permanentemente su realidad, adjudicándole significados, en función de los cuales se estructuran sus conductas. Dado que los significados no son entidades estáticas e inmutables, el cambio es posible, aunque no siempre sea probable.
La violencia infantil actual no puede erradicarse decidiendo bajar la edad de imputabilidad.
La tarea a realizar para que este flagelo disminuya y desaparezca es mucho màs profunda y de concreción màs dificultosa y nos concierne a todos tomar ese compromiso, trabajando en pos de la eliminación de la diferenciación social y de la exclusión, favoreciendo asì a la formaciòn de nuevas subjetividades.