Su comportamiento los lleva a explotar, manipular y violar los derechos de los demás, a menudo de manera delictiva. La forma grave de este trastorno se conoce como trastorno sociopático de la personalidad, la psicopatía o trastorno disocial de la personalidad.
Las causas del TPA
No se conocen las causas del trastorno de personalidad antisocial, ya que no hay exámenes de sangre, genéticas o de laboratorio que puedan realizarse para diagnosticarlo. Las personas criadas por padres con TPA o por padres que fueron alcohólicos, física o sexualmente abusivos, o que no proveyeron una disciplina constante son más propensos a sufrir del TPA. También se cree que los trastornos neurológicos sin diagnosticar pueden contribuir al desarrollo de esta condición. Es posible que porque los hombres tienden a ser más agresivos tanto física como emocionalmente, la condición es más común en los hombres que en las mujeres.
Los signos
Los signos de este trastorno son las conductas que normalmente se presentan en la niñez o en la adolescencia y siguen hasta la edad adulta. El TPA se diagnostica sólo cuando alguien de la edad de 18 años o más ha mostrado un patrón de comportamiento errático desde la edad de 15 años. Cuando se trata de niños pequeños, sus maestros, pediatras y padres pueden estar al tanto de los signos tempranos que conducen al TPA, tales como el abuso a los animales o el intimidar a otros niños, el robo, el jugar con fuego y el vandalismo. Las personas encarceladas que sufren de TPA parecen carecer de conciencia moral. Son depredadores sociales, y no prestan atención a los sentimientos de otras personas ni a las consecuencias de sus acciones hacia los demás. Los comportamientos peores en estas personas pueden hacerse menos frecuentes según envejecen y son menos activo, por lo general alrededor de los 40 y 50 años.
Los síntomas
Los síntomas del trastorno de personalidad antisocial incluyen el engaño o mentiras frecuentes, la negligencia o abuso infantil, relaciones abusivas, y la manipulación de otras personas utilizando la intimidación, la adulación, el ingenio o su encanto. Las personas con TPA no muestran culpa ni remordimiento al herir a otros, y son cínicos e insensibles. No sienten respeto alguno por lo que sea correcto o incorrecto. Violan la ley frecuentemente; se comportan de forma violenta, y no pueden cumplir con responsabilidades laborales, escolares ni familiares. Son mentirosos, roban, cometen fraude con cheques, son negligentes o rehúsan pagar sus deudas, usan armas y venden drogas ilegales. También se sienten superiores a otros, se niegan a ajustarse a las normas sociales y pueden explotar a otros en las relaciones sexuales. Ven a sus víctimas como personas tontas, débiles o desprevenidas. También pueden abusar del alcohol o de sustancias controladas.